[LA OVEJA NEGRA] Vísperas electorales Imprimir
Viernes 09 de Noviembre de 2018 20:39

GERMÁN VALCÁRCEL | Hace tiempo comprendí que para entender la sociedad que me rodea es necesario asumir tres premisas: 1) Nada se entiende si no se ubica en la totalidad que le da sentido; 2) la realidad es mucho más que lo que se ve en la superficie; 3) este mundo no es como es porque sí, sino porque hay interesados en que así sea y así se quede.

Esta última premisa la describe, magníficamente, el pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire, autor de ese libro indispensable intitulado Pedagogía del oprimido, cuando sostiene que sería una ingenuidad esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales de forma crítica.El poder (todo poder, pero el político por antonomasia) sabe bien que la batalla que no puede permitirse perder es la de imponer y controlar las palabras que definen una situación.

Por ejemplo, muchos de mis convecinos se convirtieron en siervos voluntarios cuando asumieron el perverso relato del poder despótico de nuestras élites caciquiles, tanto de derechas como de izquierdas, e interiorizaron su relato. Resultado: ahí los tienen defendiendo, como papagayos, la minería y sus derivados, la contaminación, la destrucción medioambiental o la mercantilización de sus vidas como única forma de vida, lo cual les lleva, además, a confundir libertad con cambiar de amo.

Con este panorama no resulta extraño que, desde hace mucho tiempo, las ratas de dos patas hayan, casi, copado las instituciones de la Comarca Circular, moviéndose por ellas sin ningún tipo de pudor, a plena luz. En los partidos políticos o coaliciones electorales los poderes fácticos y las extractivas élites locales han tomado posiciones para colocar a sus candidatos. También los oportunistas, los mediocres y los escaladores sociales sin ningún referente ideológico ni organizativo, más allá de la defensa de sus propios intereses y envueltos en la verborrea con la que siempre tratan de confundir y apabullar a los demás, ven en este río revuelto la oportunidad de su vida, incluso la posibilidad de solucionar su situación económica y laboral. Ahí tienen a los dos máximos representantes políticos de la comarca, la alcaldesa de Ponferrada y el presidente del Consejo Comarcal, cobrando, los dos, salarios brutos superiores a los cincuenta mil euros anuales, cuando la renta media de la comarca no llega a veinticuatro mil euros. Sí señor Courel, no nos quiera engañar, los impuestos que paga, como el resto de ciudadanos, forman parte de su salario.

Es bien sabido que cuando una sociedad asume como destino las ambiciones particulares y megalómanas de políticos de cartón camina hacia el desastre. Por eso, en esta tierra, los partidos políticos y sus palmeros, a pesar de la tremenda crisis, siguen cacareando sin pudor las bondades de sus irrealizables y vacuos programas electorales, que se traga una ciudadanía alienada y políticamente “forofizada”, al calor de una situación económica, social y política desoladora.

Ningún cambio sustancial en la vida de los ciudadanos del Bierzo se va a dar por vía electoral
Lo que ha ocurrido estos últimos cuatro años fortalece mi convicción de que ningún cambio sustancial en la vida de los ciudadanos del Bierzo se va a dar por vía electoral y menos si esa vía electoral está tomada y copada por ladrones, trincones, trepas y demás sociópatas que con ello apaciguan su ego y su codicia. La mayoría de ellos ya ni siquiera se toman la molestia de ofrecer la más mínima propuesta a la ciudadanía de qué pretenden hacer, lógico, lo único que buscan es el oro del César. Consecuentemente, con esas premisas y visto lo que está sucediendo, lo que vislumbro va a ocurrir me reafirmo en la opinión que hace tiempo sostengo: en la política institucional jamás encontraremos solución a nuestros problemas.

Vivimos unos momentos en los que solo los que compartan la ilusión de reconstruir una sociedad libre y soberana, los que están dispuestos a cuestionar todo lo que se nos inculcó e inculca desde unos medios de comunicación convertidos en voceros del poder, los que pretenden poner en la picota las simplistas explicaciones sobre la sociedad en que vivimos, los que luchan porque la vida en sociedad no sea una simple cárcel, los que se enfrentan a la viejas élites para decirles que no nos van a engañar más ni nos van a representar, en definitiva, los que no quieren ser ni ovejas ni pastores son las únicas personas con los que merece la pena coincidir e intentar construir alternativas, pero eso sí, fuera de la batalla electoral, fuera de las instituciones.

Los que sostienen y apoyan que una pelea en un bar o rapear es terrorismo, los que mantienen que convocar un referéndum es rebelión y sedición, los que denominan ilegales a los inmigrantes indocumentados, los que aseguran que todos nacemos Libres e Iguales, y la desigualdad la explican mediante la Meritocracia: tanto vales tanto tienes, y si no te has esforzado lo suficiente eres minoría peligrosa y planean encerrarte o eliminarte, los que afirman que un tipo con un arsenal en su casa y que planea asesinar al presidente del gobierno es un pobre hombre harto de la situación del país, esos ya no son adversarios políticos, con esos ya no se debate, son enemigos a combatir; son miembros de la misma horda fascista que, armada, se dirige a la frontera mexicana dispuestos a frenar a tiros la caravana de inmigrantes centroamericanos.

Soy consciente que, en estos tiempos de modernidad líquida que explicaba Zygmunt Bauman y en una sociedad tan servil y vacua como esta, es mucho más cómodo y gratificante leerse la amable columna de un mamporrero o mamporrera del poder que siempre encontrará positivo y patriótico una apología sobre la belleza de las Médulas, el Valle del Silencio o cualquier relato costumbrista. En el Bierzo la posibilidad de golpear las conciencias ya no existe. Hace tiempo que vivimos un proceso de alienación absolutamente controlado, los medios de comunicación locales y provinciales están dirigidos por los poderes económicos, los mismos que mueven los hilos de las marionetas votadas cada cuatro años. Lo mismo ocurre con los popes y sacristanes culturales y periodísticos que reproducen y divulgan de forma acrítica los “valores” que sostienen los intereses de las élites locales.

Pero viendo como unos medios de comunicación cínicos, mercenarios y demagógicos se dedican a formar a un público tal vil como ellos mismos, servidor tiene el derecho y el deber, consigo mismo, de no convertirse en cómplice de ninguna operación que se parezca a esa estrategia que consiste en eliminar la viruela pinchando los granos de la piel en lugar de matar el virus.

 

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